Esta fase de la guerra es conocida como "Guerra de Trincheras" por la forma en que se desarrollaron las operaciones militares. Fue consecuencia del fracaso de la guerra relámpago iniciada por los alemanes. Supuso un cambio de estrategia y pasó a haber guerra de frentes estables que inmovilizó a los ejércitos en líneas de trincheras que se extendieron desde el Mar del Norte hasta Suiza.
Los alemanes se atrincheraron en el frente occidental tratando de proteger sus posiciones y concentrando la mayor fuerza ofensiva en el frente oriental; según sus planes iban a vencer a Francia y Gran Bretaña. El nuevo escenario bélico dio paso a una guerra de desgaste desarrollada en territorio francés y belga. Donde las tropas se vieron obligadas a luchar en trincheras en penosas condiciones, rodeados de alambradas, terrenos infectados de roedores y expuestos a armas automáticas y nuevos ingenios bélicos.
En el frente ruso los alemanes alcanzaron exitosas victorias a pesar de que en el occidental los aliados fueron quienes lanzaron ofensivas en Champaña y Artois que fueron contenidas por los alemanes. Durante los meses de 1916 sucedieron una serie de acciones con el fin de romper las líneas enemigas. El ataque alemán se concentró en Verdún pero los franceses resistieron al mando del general Petain.
Con el fin de distraer la acción de los alemanes las fuerzas británicas y francesas iniciaron una ofensiva en el norte de Francia, en torno al río Somme.
En el frente oriental los rusos consiguieron al mando del general Brusilov obtener éxitos en Galitzia.
En la primavera de 1916 se dio lugar la batalla de Jutlandia, donde se dio un ligera triunfo de la flota alemana sobre la británica, no obstante los buques alemanes se retiraron a sus bases e intervinieron sólo en contadas ocasiones.









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